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Antecedentes, definición e importancia de la RSE

 

Síntesis de la conferencia que el Presidente de RSE Consultoría, Jorge Emilio Sierra Montoya, dictó al instalar el Primer Congreso Binacional sobre Responsabilidad Social Empresarial, realizado en Cúcuta, donde participaron expositores de Colombia y Venezuela ante delegados de los sectores público, privado y académico de la región fronteriza.

 

Antecedentes de la RSE

Las causas históricas de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) se remontan a los orígenes del hombre, la sociedad y el Estado. “El hombre es un animal político”, según dijo Aristóteles para destacar ese carácter social por naturaleza, que es también el principio fundamental de la Sociología como ciencia.

La Responsabilidad Social (RS), por tanto, viene desde tiempos inmemoriales, cuando el propio Estado surgió en defensa de la supervivencia humana a través de la vida en sociedad, como plantearon los enciclopedistas franceses, encabezados por Rousseau, al establecer los principios de la democracia moderna.

La RS, además, ha identificado siempre a las actividades productivas, mucho antes de surgir la empresa moderna; el cristianismo, en la cultura occidental, durante más de dos mil años ha predicado los valores éticos, como por ejemplo la caridad, que hoy son característicos de la RSE, y ésta, a su vez, desarrolla valores democráticos como los derechos humanos, consagrados en normas constitucionales, pilar del Estado de Derecho.

La RSE, por último, extiende sus raíces hasta la política social promovida en el siglo XX, tanto en el socialismo democrático como en el intervencionismo estatal de la economía keynesiana (1930) y la Economía Social de Mercado (1945), por oposición al socialismo de Estado y su abierto rechazo de la propiedad privada y las libertades individuales.

Entre las causas próximas están la globalización y los modelos de apertura, cuyos múltiples beneficios coinciden con graves impactos negativos como la brecha creciente entre los países ricos y pobres o la desigualdad en países como el nuestro, las continuas crisis financieras que se expanden por todo el planeta y, en general, la presencia de un mercado sin valores, sin ética, al tiempo que la propia supervivencia humana está en peligro por factores como el cambio climático y la amenaza nuclear.

En realidad, asistimos a una crisis mundial sin precedentes, manifiesta en los niveles político, económico, social y de valores, según lo confirman diversos indicadores y estudios de reconocidos especialistas (Stiglitz y Soros, entre otros). Esto ha obligado incluso a la búsqueda internacional de soluciones en forma conjunta, desde organismos como las Naciones Unidas, a través de políticas como los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y el avance hacia un capitalismo social, más humano y ético, en el marco de la Ética Global enunciada por Hans Küng, la cual dio origen al Pacto Global, decálogo por excelencia de la Responsabilidad Social Empresarial.

De ahí que la RSE sea vista ahora como solución de fondo a tales problemas globales, naturalmente con la debida participación del sector privado que se ha convertido en el gran motor de la vida económica, política y social en el mundo, en algunos casos con mayor poder que los gobiernos, con los cuales comparte –o debe compartir- una verdadera política social, sobre todo en beneficio de los sectores más desprotegidos de la sociedad.

Definición de la RSE

Como lo dice su nombre, la RSE alude a la responsabilidad de la empresa con la sociedad y, de manera particular, con los grupos sociales, especialmente aquellos en los que tiene más interés: empleados, consumidores o clientes, proveedores, acreedores, otras empresas, el gobierno, la comunidad…, quienes por ello son llamados Grupos de Interés o “Stakeholders”, expresión acogida hoy en todo el mundo.

De hecho, la RS no es sólo de la empresa sino de las diversas organizaciones sociales, incluyendo la familia, el Estado y la misma Universidad, donde se habla con razón de la Responsabilidad Social Universitaria (RSU). De igual forma, los mencionados grupos tienen su propia RS tanto con la empresa como con sus respectivos grupos de interés, habiendo así una corresponsabilidad o doble vía en materia social, otro principio básico de la RSE.

En síntesis, la RSE se entiende hoy como la responsabilidad de la empresa con sus “stakeholders”, no ya –a diferencia de lo que antes sucedía- con sus accionistas o propietarios en forma exclusiva.

La RSE, además, es sinónimo de Ciudadanía Corporativa, es decir que la empresa, una persona jurídica integrada por personas naturales, debe ser también un buen ciudadano, cumpliendo así con sus deberes, tanto con los mandatos legales como con las normas éticas, naturalmente en relación con sus grupos de interés. En la práctica, esto implica el deber de la empresa a contribuir en la solución de nuestros mayores problemas sociales (pobreza, violencia, desempleo, etc.), lo que antes se consideraba responsabilidad exclusiva del Gobierno o el Estado.

Asistimos, pues, al nacimiento de una nueva empresa, orientada a generar beneficios para los grupos de interés, no sólo para los accionistas, beneficios que tampoco son sólo económicos sino también sociales, entre los que destacan los de carácter ambiental.

Conviene aclarar qué no es la RSE, para precisar más ese concepto: no es apenas desarrollar la actividad productiva, económica, ni cumplir la ley, pues debe irse más allá por consideraciones éticas; no es simple filantropía, la cual suele ser personal, no institucional, fuera de no causar el impacto debido, ni generar valor; no es una moda, dado su carácter estructural, no coyuntural, y tampoco es mero marketing o propaganda, en los que prevalecen intereses comerciales y particulares, no sociales y generales.

La RSE es, en cambio, una estrategia corporativa, incluido en el plan estratégico de la compañía, y como tal implica la adopción del Código de Buen Gobierno o Gobierno Corporativo, el Código Ético y el Protocolo de Familia (si la empresa es familiar), la concepción y cabal ejecución de proyectos económicos, sociales y ambientales, para concluir en la presentación de los Reportes de Sostenibilidad que exigen organismos como el Global Reporting Initiative (GRI).

La práctica, en fin, es fundamental en la RSE, indispensable para realizar los cambios sociales propuestos. Eso implica el fuerte compromiso de la alta dirección empresarial, la adopción de una estructura interna en la organización (a partir, por ejemplo, de una Dirección o Gerencia de RSE), la escogencia de un foco que tenga relación con el negocio y garantice el impacto de sus proyectos, el apalancamiento financiero y los indicadores correspondientes para medir dicho impacto, hasta llegar a la rendición de cuentas y la divulgación de sus informes, con total transparencia.

Importancia de la RSE

De acuerdo con lo anterior, es fácil concluir la enorme importancia de la RSE al enfrentar los efectos negativos de la globalización, poniendo freno a las crisis financieras globales y sus terribles consecuencias; al proponer un modelo de capitalismo social que propugna, ante todo, por reducir la brecha entre ricos y pobres tanto en cada país como a nivel internacional; y al contribuir, de manera significativa, al fortalecimiento de la democracia y al desarrollo sostenible que intenta evitar la extinción de la vida en el planeta. La RSE es, en síntesis, solución de fondo a la crisis mundial descrita en las secciones anteriores.

De igual manera, la RSE trae grandes beneficios en la triple dimensión de la sostenibilidad, incluso para la propia empresa. Así, genera beneficios económicos, reflejados por ejemplo en el mejor clima laboral, la motivación de los empleados y su mayor productividad, el posicionamiento de la marca y el aumento de su reputación, la preferencia de los consumidores por sus bienes y servicios, etc.

En cuanto a los beneficios sociales, es claro que la RSE contribuye en gran medida a resolver los mayores problemas sociales y, en último término, a la construcción de un mundo mejor, más justo o equitativo, más humano, que es su principal objetivo.

Y sobre los aspectos ambientales, recordemos que las normas en tal sentido son una exigencia cada vez mayor de los mercados, por lo cual la competitividad de la empresa socialmente responsable se beneficia en grado sumo.

No obstante, el máximo beneficio de la RSE es en el plano individual, para cada persona, por los profundos valores éticos que asume y pone en práctica al servicio de la empresa y sus grupos de interés, a los cuales les genera valor económico y social con una adecuada estrategia corporativa.

“La RSE empieza realmente con la responsabilidad social individual”, como tanto se ha dicho.

 

 

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Categoría: Informe especial